Europa

Morella, el pueblo medieval de Castellón

Castellón se caracteriza por su oferta de turismo de playa, pero no sólo tiene esto que ofrecer y Morella es la localidad que da buena muestra de ello. Debido a su existencia como asentamiento desde hace siglos, cuenta con una amplia historia y con vestigios que dan testimonio de la misma. Enclavada en el macizo del Alto Maestrazgo, la ciudad de Morella siempre ha tenido una situación privilegiada que la ha puesto en el ojo de la historia de la península. Fue punto de asentamiento de iberos, romanos, godos y árabes dejando todos ellos su huella. Además fue refugio del último cátaro, según cuentan las crónicas.

Las características geográficas de la zona hacen que sus alrededores sean marco perfecto para la diversión de los más aventureros: desde los picos más altos a los senderos sinuosos, pasando por la belleza de los ríos Bergantes y Cérvol. Aún si el viajero busca misterio, lo encontrará en una comarca rodeada por los mitos y las leyendas, en cierta medida alimentadas por la belleza de sus parajes y la magnificencia de sus construcciones civiles y religiosas.

Uno de los lugares que más contribuyen a llamar la atención de los curiosos, lo encontramos antes de llegar a la propia ciudad de Morella. El santuario de Balma, situado a unos 23 kilómetros de distancia, se encuentra en una gran cueva excavada en una rocosa ladera. Su entrada ya sugiere un acercamiento a las entrañas de la tierra y es casi un ejercicio de espeleólogo debido a lo baja que se encuentra la entrada. Una vez que se accede al interior, el visitante llega a la capilla donde se encuentra la Virgen de la Balma, en el centro de una gran gruta de tal manera que, si no fuese por las rejas que la rodean, daría la impresión de que apareció allí y no se ha movido.

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Lo más llamativo de este santuario son las donaciones que los fieles que se acercaban dejaban a la imagen en señal de reconocimiento. Se trata de una gran cantidad de reproducciones de distintas partes del cuerpo humano colgadas de una de las pétreas paredes, la mayoría aportadas por enfermos mentales que acudían al santuario a curar sus supuestas posesiones demoníacas.

Más allá de toda la leyenda escabrosa que rodea a este santuario, su composición interna y las panorámicas externas merecen una visita por parte del viajero curioso que se acerque hasta las inmediaciones de Morella.

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El castillo de Morella

Es un castillo-fortaleza de origen musulmán situado estratégicamente sobre un peñasco a 1.073 m de altura. El castillo presenta una mezcla de estilos diferentes ya que fue cambiando de dueños que lo modelaron a su gusto, especialmente durante la Edad Media. De ser un bastión musulmán, pasó a manos cristianas y sufrió diversos ataques que en muchos casos acabaron con parte de su construcción. Pero estos ataques se prolongaron en el tiempo ya que la fortaleza sufrió las guerras de sucesión, de la independencia y las carlistas.

Impresionan las murallas que no sólo rodean al castillo, si no a toda la ciudad y que fueron construidas en el siglo XIV, sustituyendo a otras del siglo XI que fueron destruidas casi en su totalidad por los asedios de El Cid. Este fortín estaba pensado para la perfecta defensa y por ello el acceso es complicado. No sólo por su situación en lo más alto y rocoso del monte, sino porque está construido para evitar el acceso rápido del enemigo.

Su carácter inexpugnable permitió que sólo fuera vulnerado dos veces, debido a una traición en la Reconquista y por una infiltración de Cabrera a través de un retrete de la muralla durante las Guerras Carlistas.

El visitante podrá comprobarlo paseando por los diferentes y estrechos pasillos formados entre los muros u observando las posiciones desde donde se disparaban los cañones.

La torre del homenaje se llama torre Celoquia y aunque está bastante deteriorada da buena muestra de lo que significaba el castillo en tiempos remotos, lo mismo que las portadas salpicadas a lo largo de toda la muralla como la de Puerta Ferrisa, el Portal de Sant Miquel o el de Sant Mateu.

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